Puerta Triana. Entre la piqueta y el indulto.

La conclusión de la polémica Torre Pelli, ya en proceso de comercialización y a la espera de conocer si es posible ubicar un hotel en sus plantas superiores, ha dado lugar a otro affaire no menos polémico: la reurbanización de su entorno. Este nuevo proyecto comprende el espacio público entre el propio complejo del rascacielos y el río, lo que en su día fuera Puerta del Guadalquivir, una de las entradas del recinto de la Expo’92.

Puerta Triana

Puerta Triana

El proyecto, responsabilidad de Sociedad Puerta Triana (antes dependiente de Cajasol, ahora de ‘laCaixa’) fruto del convenio de reparcelación que dio lugar a la construcción de la torre, ha sido encargado al arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra, quien culminará así un entorno arquitectónico de primer orden. Allí conviven su propio Pabellón de la Navegación -inscrito en el catálogo de edificios históricos de la Junta-, el futuro Caixafórum -proyecto también dirigido por Vázquez Consuegra- y la colosal Torre Pelli. Podemos incluso sumar el monumental Monasterio de Santa María de las Cuevas.

Pero también allí se encuentra parte de la historia reciente de nuestra ciudad, que es lo que precisamente ha vuelto a levantar las voces sobre el respeto a nuestro patrimonio. De lo poco que se conoce del proyecto, que no ha gozado de exposición pública ni ha sido supervisado por el Ayuntamiento, parece desprenderse la destrucción de la citada Puerta Guadalquivir y de dos farolas-veleta, iconos del 92 que hoy día sobreviven con más pena que gloria debido al desinterés de los sucesivos gobiernos municipales.

Aunque la participación ciudadana en este caso no es legalmente exigible, siempre es deseable al menos escuchar, ya que la ciudad es un bien común, el escenario donde desarrollamos gran parte de nuestra vida. Y más cuando hablamos de espacios públicos. Y es por eso por lo que la ciudadanía se revela antes que tener que lamentarse por unos hechos consumados, que tan habituales son en nuestra ciudad.

Si bien es cierto que de forma descontextualizada y aislada estos elementos pudieran parecer carentes de valor, no es menos cierto que nos encontramos ante los últimos restos de la característica Puerta Triana. Ni el Omnimax (que cualquier ciudad del mundo recibiría actualmente con alfombra roja), ni los enormes tótems, ni la inspiradora Media Esfera Azul y Verde  (que aún se conserva lejos de aquí) sobrevivieron. Nada quedó integrado en el proyecto de la Torre Pelli; y ahora estamos a punto de ver desaparecer los últimos iconos del mobiliario urbano del extremo sur de la Isla de la Cartuja.

Desconocemos los motivos del arquitecto, a quien en otras ocasiones hemos aplaudido intervenciones que hemos considerado acertadas, para eliminar estos elementos y suplantarlos por otros de nueva planta, pero estamos seguros de que con voluntad podrían ser perfectamente integrados en el nuevo proyecto y obtener un buen resultado estético, práctico y respetuoso con la historia contemporánea de Sevilla.

Habrá a quien 25 años no les parezca suficiente para plantearnos si debemos conservar o no. Habrá quien crea que toda obra nueva puede arrasar todo lo anteriormente existente sin ningún tipo de miramientos. Pero a nadie se le debería escapar que una ciudad que se caracteriza por la superposición de hitos histórico-artísticos, testigos del paso de la Historia por sus siglos de existencia, esa que tanto se golpea el pecho llorando las enormes pérdidas patrimoniales acometidas en décadas pasadas, no se merece seguir destruyendo patrimonio sin pestañear. O, al menos, no se lo merece sin recibir ninguna explicación que motive dignamente esta decisión.