Sr. Cabrera: ya pasaron las Fiestas Mayores…y media legislatura

Firma aquí el “Manifiesto ciudadano por un servicio de taxi digno en Sevilla” que sevillasemueve impulsa junto a Iniciativa Sevilla Abierta

Señor Cabrera, ya pasaron las Fiestas Mayores. Ya no hay riesgo de que los taxistas le puedan crear un quebradero de cabeza en tan señaladas fechas. Ya puede, si es que detrás de esas condenas de manual hay algún resquicio de intención, ponerse a trabajar en solucionar esta situación que tanto avergüenza a los sevillanos y tanto perjudica a los propios taxistas, que se están ganando un frontal rechazo por parte de los mismos ciudadanos que les deben dar de comer. Hasta aquí se ha llegado tras años, muchos años, de presiones y agresiones de cualquier índole a otros taxis, vehículos concertados, autobuses de TUSSAM, coches particulares o miembros de otras asociaciones de taxistas, sin olvidar el tarifazo en el bus del aeropuerto, que incrementó su coste desde los 2,4€ hasta los 4€ actuales.

los coches de Cabify quemados se suman a un conflicto que Cabrera niega

los coches de Cabify quemados se suman a un conflicto que Cabrera niega

Que Sevilla vive un permanente estado de violencia en el sector del taxi desde tiempos inmemoriales lo saben todos los sevillanos. Todos excepto, según parece, Juan Carlos Cabrera, Delegado de Movilidad, Seguridad, y Fiestas Mayores, por quien debería pasar la responsabilidad de poner fin a esta bochornosa situación. Sin embargo lleva meses mirando para otro lado, negando la existencia de conflicto alguno, tratando de tapar las inaceptables conductas practicadas, supuestamente, por el grupo de taxistas que opera en el aeropuerto y apuntando, con cierta complicidad, hacia los vehículos con licencia VTC. Esos que no dejan de ser apedreados, perseguidos, saboteados, rociados con ácido o incluso quemados, como sucedió hace dos semanas.

Estos vehículos son vistos por los taxistas como competencia desleal, a pesar de contar con sus licencias debidamente expedidas por el organismo competente. A esta deslealtad no duda en apelar el propio Delegado Cabrera en una huida hacia adelante con la que parece querer excusar a los violentos.

Ante esta sorprendente actitud cabe preguntarse qué poder tiene el taxi dentro de las instituciones que nos gobiernan. Si bien fue el anterior gobierno municipal quien duplicó la tarifa de la línea de TUSSAM al aeropuerto, a la postre coto privado de una casta de taxistas, este no se ha atrevido a dar un paso en sentido contrario ni a poner medidas en la terminal aérea más allá de policía en los días conflictivos. Es más, si en algún siglo llega el Cercanías al Aeropuerto, ¿que pasará? ¿O quizás está pasando ya? ¿Qué fue de la moción aprobada en Pleno en la que se instaba al Ministerio de Fomento a comenzar a poner en marcha la prolongación del Cercanías hasta el Aeropuerto? ¿Quizás a alguien no le conviene? ¿Será tan fuerte ese lobby del taxi? ¿Tan poca fuerza o interés tiene el Ayuntamiento en desactivar estas coacciones y chantajes sistemáticos?

Las arbitrarias inspecciones que se han puesto en marcha en el sector del transporte de pasajeros en general lo demuestran. Según publicaba Diario de Sevilla el pasado 9 de abril, de 453 vehículos inspeccionados, 136 han sido VTC, de los existen 143 licencias en la provincia, mientras que 187 han sido realizadas a taxis convencionales, de los existen 2428 licencias ente la capital y otros municipios. Es decir, el 0.05% de los vehículos (los VTC) ha sido objeto del 30% de las inspecciones, mientras el 94,4% restante ha sido objeto de 41,2% de las inspecciones. O extrapolando, el 95% por ciento de los vehículos VTC han sido objeto de alguna inspección, por el insignificante 0,07 de taxis.

Con esta maniobra, sumada a sus recurrentes declaraciones, el Ayuntamiento parece conseguir lo que el sector del taxi deseaba: colocar a los VTC en el foco del problema y sacar del primer plano a los taxistas que habitualmente ocupan el Aeropuerto de Sevilla como si de una suerte de cortijo se tratara, sin dudar en aplicar la violencia contra cualquier otro taxista que ose a introducirse en sus dominios. Una narración más propia del medievo o incluso del paleolítico que de una ciudad que aspira a seguir en el siglo XXI y cuya economía se apoya fuertemente en el turismo. Nada de esto parece importar a Juan Carlos Cabrera, que no duda en asumir y blanquear estas conductas con tibias condenas y apenas hechos.

Desde sevillasemueve no podemos más que condenar estos inaceptables hechos, así como la inaceptable gestión realizada por el Delegado de Movilidad, Seguridad Ciudadana y Fiestas Mayores. Y, mientras, el Alcalde poco tiene que añadir al respecto.

Cabrera y la legislatura perdida en materia de movilidad

En el resto de materias de movilidad, la labor desarrollada por esta Delegación tampoco sale muy bien parada. A pesar de las buenas palabras y grandes expectativas que podían depositarse en el modelo defendido por el actual gobierno municipal, nos encontramos con un puñado de planes, mesas y estudios que sólo verán la luz a final de mandato. Llegado ese momento podemos imaginar lo que puede suceder: si alguno llega a implantarse, su escaso tiempo de rodaje servirá como excusa suficiente para que el próximo equipo de gobierno lo pueda retirar sin pestañear.

Ya pasó con el Plan Centro, que también fue una promesa del actual Ayuntamiento y del que nunca más se ha vuelto a saber en la actual legislatura a pesar de que el tráfico en el casco antiguo es cada vez más salvaje. ¿Va Sevilla a seguir mirando para otro lado?

Sevilla no puede permitirse el lujo de pasar otra legislatura en blanco en lo que a movilidad se refiere. No puede dar una nueva patada a la pelota para situarla cuatro años más allá. Si el Delegado de Movilidad se ve superado y no es capaz de ejercer tal responsabilidad, quizás sería el momento de dar espacio a otros profesionales que sí puedan hacerlo

Desde sevillasemueve instamos al Ayuntamiento en su conjunto a tomarse el tema con la importancia que requiere, tomando decisiones, ejecutando las que son de competencia municipal y exigiendo a otras administraciones, cuyas responsabilidades va mucho más allá de las míseras partidas que los presupuestos dedican al Cercanías o la inexistente al Metro.