Los siguientes pasos para la movilidad ciclista en la ciudad

Sevilla se ha convertido, en los últimos años, en una de las grandes capitales ciclistas a muchos niveles. Las cifras lo demuestran: 130 kilómetros de vías ciclistas urbanas, 70.000 viajes diarios en bicicleta, miles de abonados al sistema de alquiler público Sevici y, por si fuera poco, el reconocimiento internacional, que llegó hace unos meses, mediante el cuarto puesto mundial en el Índice Copenhagenize. Podemos afirmar, sin sombra de equivocación, que en nuestra ciudad se ha implantado una base ciclista de importantísima magnitud.

Movilidad ciclista: un día cualquiera llegando a la Barqueta...

Movilidad ciclista: un día cualquiera llegando a la Barqueta…

Todo empezó a mediados de la década pasada, con una primera inversión en la construcción de 70 kilómetros de vías ciclistas, que tejían una red de carriles bici coherente y que conectaban los tramos anteriores de carril que iban “de ningún sitio a ninguna parte”. Luego, varios años más tarde, vino otro paquete de kilómetros más de red secundaria que completaron la red, sumando esos 130 kilómetros. Fue un éxito para animar a la población a pedalear el modelo de carril escogido: una infraestructura completamente segregada del tráfico a motor, que aporta mayor seguridad al usuario al no tener que lidiar con vehículos a 50 km/h (¡o más!) compartiendo el mismo espacio en las avenidas de la ciudad. Mientras, además, fue avanzándose en el sistema de alquiler público, Sevici, que fue extendiéndose por la ciudad, así como otras interesantes iniciativas, como Bus+Bici, servicio que presta el consorcio de transportes en Plaza de Armas, que provee de una bici para moverse por la capital a los usuarios del transporte metropolitano que llegan a la estación de bus.

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A favor de Metropol-Parasol

Este artículo de opinión, que firma el Presidente de nuestra Asociación, se publicó en La Razón de Sevilla el pasado Domingo día 28 de Febrero, en el marco de una sección con opiniones a favor y en contra del proyecto Metropol Parasol.

Metropol La RazónNi siquiera los más escépticos pueden negar que Metropol-Parasol se revelará como un recurso turístico de primer nivel. No sólo se convertirá en visita obligada, sino que tiene potencial para atraer una nueva categoría de viajero, como prueba la repercusión internacional que ya está teniendo el proyecto. Que Sevilla, afortunadamente, cuente ya con una enorme riqueza de atractivos no justifica renunciar a ampliarlos; sólo implica que no valen más que las apuestas fuertes y arriesgadas. Y no por trillado deja de ser cierto que los parasoles pueden ser el paralelo sevillano al Guggenheim o la CAC valenciana: la oportunidad definitiva de ponerse en el mapa turístico del siglo XXI.

Pero hay una vertiente un tanto olvidada del proyecto que tiene tanta o más relevancia que la estrictamente turística: el potencial de la intervención para construir un nuevo punto de encuentro en la ciudad. Metropol no sólo será un icono visual único o un museo arqueológico; también resolverá por fin la eterna provisionalidad de los placeros y devolverá al público un espacio cuya mayor contribución a Sevilla en décadas ha sido la de servir de aparcamiento.

Desde el ágora y el foro clásicos, pasando por la plaza mayor, uno de los elementos urbanísticos más importantes es la gran plaza pública: un ámbito donde la propia urbe se reconoce reflejada. Con Metropol, Sevilla ganará uno de estos espacios, un corazón donde confluirá la vida ciudadana y cuyo bombeo alcanzará a toda la ciudad. Todo cabe en la nueva Encarnación: paseantes, turistas, compradores, comerciantes, veladores de bar, conciertos, exposiciones o graderíos de Semana Santa. Y la mejor reivindicación del proyecto será su ocupación por parte de los sevillanos, su funcionamiento como crisol que fundirá todos los elementos que hacen única a esta ciudad y que los devolverá a la misma fortalecidos y enriquecidos.

La canción del verano

Torre Pelli - vista generalÚltimamente tengo un problema: cada día que pasa me parece todavía más que soy algún tipo de bicho raro, un extraño peligroso del que desconfiar y al que mirar de reojo por la calle. Me desayuno, matemáticamente, con alguna noticia en la que me cae un palito: por desmovilizado, por inculto, por imprudente, por soberbio, por cateto y por demás cosas que es mejor no nombrar. Y oye, mira que uno es sufrido, pero al final se acaba cansando.

Confieso, señor juez, mi horrible crimen: me gusta la torre de Pelli en Puerta Triana, igual que me gustan la biblioteca del Prado, los parasoles de la Encarnación o la idea de una Tablada verde. E igual que me gustan, confieso también, el parque de María Luisa, irme de tapas por el Arenal o pasearme por el Alcázar. Pensaba yo que ambas cosas eran compatibles, pero parece que los que reparten el carnet de sevillano no están por la labor y que la única Sevilla “de verdad” es la del albero, las cofradías y los toros en la Maestranza. Tener un pie en cada sitio es imposible, y estar al otro lado es ya directamente sacrílego.

El ruido de fondo del machacón —y oxidado— himno del “se están cargando Sevilla” no es ninguna novedad. Y en esta ocasión lo ignoraría, como de costumbre, si no fuera porque amenaza con convertirse en la canción urbanística del verano y con alcanzar el número uno —en este karaoke de la Sevilla eterna— coincidiendo con la reunión de la UNESCO de final de mes.

No voy a negar que los cantantes de turno son gente respetable, cultas y reputadas personalidades de la cultura; igual que tampoco ellos negarán que se encadenarían gustosos a lo primero que pillasen, al mejor estilo Tita Cervera, si así consiguiesen parar la torre de Cajasol. Hasta ahí todo es respetable y hasta simpático: el debate siempre enriquece y es necesario, sobre todo si la opinión viene de voces más o menos autorizadas. Lo que no resulta tan simpático es que esas voces autorizadas pasen de opinar a sentar cátedra.

Ya perdieron gran parte de su gracia con aquel informe que se redactó en contra de la torre, ese que hacía gala, en sus recomendaciones a la UNESCO, de mucho vitriolo pero de muy poquita chicha. Y si poca gracia les quedaba, para mi gusto han acabado de dilapidarla con el estribillo de la canción: que la sociedad civil sevillana se ha levantado unánime en armas contra los bárbaros opresores, para preservar los “verdaderos valores” de la ciudad. Para redondear, el subidón viene cuando, entusiasmados por el directo, pasan a vocear que absolutamente todos estamos de acuerdo en que no se va a hacer la torre, follow the leader, leader, leader. En fin, consignas rotundas y pachangueras con las que menear el cu-cu en el chiringuito, pero carentes de la menor sustancia o apoyo en la realidad.

Supongo que a esa “sociedad civil” de la que hablan se le abrirán las carnes al constatar, encuesta sí y encuesta también, que el rechazo al proyecto de Puerta Triana es bastante menor de lo que sueñan. O cuando el ex director del Centro de Patrimonio Mundial de la UNESCO Georges Zoauin, que algo sabrá de esto, dice que la torre tendrá un impacto positivo sobre la ciudad. O cuando ven a la gente llenar a reventar las plazas peatonalizadas del centro, o cuando vean Prado o Encarnación tomados por universitarios, por familias, por placeros, por paseantes, por turistas: por sevillanos. En definitiva, cuando vean que esa unanimidad de la que presumen no sólo no es tal, sino que es más bien una cuestión de mayorías silenciosas frente a minorías, eso sí, con potentes altavoces mediáticos.

Yo, de momento, he decidido que me borro. Apúntenme en la sociedad incivil. En la sociedad que cree que en Sevilla cabe de todo, la que quiere parecerse a esa ciudad espléndida que alguna vez fuimos y cuya semilla todavía conservamos. Soy un incivil que trata de aprender de lo que el pasado me enseña, y el pasado de Sevilla deja claro que la grandeza de nuestra ciudad está en su capacidad de reinventarse, de asumir nuevos retos y de superarlos contra viento y marea. No por manido es menos cierto el argumento de que una mentalidad tan ultraprotectora no hubiera alumbrado a la Giralda o a la Catedral. Ni, yo añado, a ninguna de las dos Expos, a una Avenida de la Constitución peatonal o a la apertura por fin del Metro. Alguno pensará que eso me hace menos sevillano, menos puro o menos digno, pero eso ya no es problema mío. Cada uno tiene derecho a vivir Sevilla como quiere, y yo, y muchos más, la seguiremos viviendo a nuestra manera: a esa manera que no le tiene miedo al futuro.

La revolución bicicletera

Revolución bicicleteraHemos asistido los sevillanos en primera persona a la revolución bicicletera llevada a cabo en Sevilla, y es que desde la implantación del servicio de alquiler de bicis públicas y la construcción de una red de carriles bici que se expande por casi toda la ciudad muchos sevillanos hemos cambiado a mejor ciertos hábitos de movilidad.

A pesar del gran éxito que están teniendo ambas infraestructuras y su apoyo por parte del Ayuntamiento, hemos de decir que también existen deficiencias en su ejecución. Por un lado tenemos la construcción de la red de carriles bici, una gran idea, ejecutada de forma mediocre, ya que existen algunos puntos negros, donde esa falta de planificación o diseño ha dejado el carril cojo, siendo muy mejorables algunos aspectos, tales como su superficie, muy peligrosa cuando esta mojada por lo resbaladizo del material utilizado o los cruces al mismo nivel con el peatón, que sin darse cuenta una veces, y otras voluntariamente invaden el carril bici con el consiguiente peligro tanto para ciclistas como para peatones.

Y es que en algunos tramos del carril bici, como el que llega a la Universidad Pablo Olavide, se han “olvidado” de poner algo de acera para esos peatones que circulan a veces por esa zona no les queda otra que invadirlo si no quieren ir por el campo, o la reducción que ha sufrido la acera en diferentes zonas, donde quizás lo correcto hubiera sido quitar ese espacio al coche.

Por otro lado tenemos a Sevici, un servicio similar al prestado en París, Lyon o Barcelona, con gran éxito en todas las ciudades, sin embargo, en Sevilla estamos en un punto de no retorno, ya que el sistema está a punto de hacer crack debido a la gran demanda de usuarios por las bicis, y ante esta situación desde sevillasemueve apoyamos la ampliación del servicio para que no lleguemos a la situación de tener que cortar abonados porque el sistema no es capaz de asimilar mas socios.

Esta vez, se peco de falta de previsión, ya que prácticamente ni los más optimistas con este asunto pensaban que podría llegarse a este nivel de popularidad del servicio, siendo el objetivo real para algunos la introducción de la bici en Sevilla pero con la idea futura de que la gente usara su propia bici y el sistema quedara como complemento a los autobuses o la Línea 1 de Metro.

Por desgracia, hoy día no ha sido así, ya que ante la falta de seguridad y el consecuente temor al robo de la bici propia muchos sevillanos optaron a lo contrario, dejar la bici en casa y usar Sevici, que está teniendo más importancia porque aun seguimos esperando la expansión del metro y la mejora del autobús.

El Metro enferma de éxito

zety-metro-feriaUna editorial del Diario de Sevilla, del pasado día 29 de Abril (enlace al original), con la que estamos bastante de acuerdo y sobre la que es interesante reflexionar.

El alcalde dijo poco antes de la inauguración que estas serían la Semana Santa y la Feria del Metro. No se equivocaba. Los sevillanos, los de la capital y los del área metropolitana, han acogido la nueva infraestructura con entusiasmo. Hasta el punto de que la línea 1 se quedó pequeña en las jornadas centrales de la Semana Santa y se ha colapsado en el inicio de la Feria. Puede, si no morir, sí al menos enfermar de éxito.

El Metro era una necesidad que clamaba al cielo y su principal problema es precisamente su insuficiencia para dar el servicio que requiere una aglomeración urbana como la que representa Sevilla y su extensa área metropolitana. Los sevillanos han aceptado el Metro desde el primer día como un medio de transporte que soluciona buena parte de los problemas de movilidad para un alto número de ciudadanos. Pero la primera prueba de fuego no se está pasando precisamente con nota alta. El Metro está mostrando sus carencias y su falta de capacidad para atender una demanda tan masiva como la que se está registrando en estas fiestas.

Lógicamente, sería prematuro extraer conclusiones absolutas de esta circunstancias. Una infraestructura tan compleja como ésta necesita un periodo relativamente largo de puesta a punto y ajuste. Pero es ante todo un servicio público que requiere determinados estándares de calidad y lo cierto es que las quejas que están expresando muchos ciudadanos están más que justificadas. De ello deben tomar buena nota los responsables del Metro de Sevilla si no se quieren ver desbordados con más frecuencia de lo que sería permisible.

El problema es que se ha quedado pequeño desde el mismo momento de su nacimiento. La solución sólo puede venir con la ampliación de la infraestructura hasta adaptarla a las necesidades de la aglomeración urbana a la que debe de servir. La nueva consejera de Obras Públicas debe tomar conciencia de la carencias del transporte metropolitano en la capital de Andalucía. La activación de las líneas del Metro que figuran en el plan inicial es una necesidad para Sevilla a la que el Gobierno andaluz tiene la obligación de hacer frente sin demora.

Foto original: ZeTy en Sevilla21

De nuevo a la espera

Desgraciadamente la cosa se torció. Tras el fatídico incidente del pasado 26 de Noviembre la Junta y la UTE constructora de la Línea 1 del Metro han decido posponer la inauguración prevista para el próximo 20 de Diciembre. Sin embargo no se propone ninguna otra fecha alternativa, simplemente que al menos un mes mas. ¿Y cuantos serán en total? La fecha dada al inicio de la obra fue Junio de 2006. Mucho ha llovido desde entonces y muchos contratiempos hemos sufrido, desde inesperados altercados en la ejecución, averías en la tuneladora o variaciones en los proyectos. Como consecuencia, ya han pasado dos años y medio desde que supuestamente tendría que estar el Metro funcionando y lo que sabemos es que no sabemos nada acerca de su definitiva inauguración. Durante todo este tiempo hemos sufrido todo tipo de vaivenes. Sobre la Línea 1 pesa la no depuración de responsabilidades, políticas o técnicas, que, junto a un relativo pasotismo, han rodeado los citados incidentes. De los proyectos de las restantes líneas, que se dio como fecha de publicación el final de verano de 2008, lo poco se ha ido filtrando con cuentagotas desde los diferentes medios apunta a la intención de la Junta por hacer pasar Metro por Tranvía. Es decir, que en las líneas 2, 3 y 4 predominaran los tramos en superficie frente a los subterráneos, condenando a la ciudad a la inexistencia de un transporte público global y efectivo que alimente a otros tipos de transportes y proporcione una movilidad sostenible en el área de influencia de Sevilla. Para tomar la decisión definitiva se pretende crear un “debate” sobre la ciudadanía para valorar la conveniencia de la ejecución de las restantes líneas con tipología de Metro, obra más cara pero de incalculables beneficios palpables incluso a corto plazo. Pero este debate empieza inclinado hacia uno de los bandos. El desprestigio sobre lo subterráneo y el pensar popular de que “en Sevilla no puede construirse Metro” puede tener su peso tras el incidente de Puerta de Jerez. Además, las altas tarifas inicialmente propuestas y la imposibilidad de realizar transbordos con TUSSAM tendrán mucho que decir en el uso que reciba la futura Línea 1. Desde sevillasemueve estamos dispuestos a, valga la redundancia, movernos para que la balanza no caiga tan fácilmente hacia la superficie, haciendo ver a toda la ciudadanía que lo que realmente necesitamos es un transporte 100% subterráneo en zonas urbanas y de previsible desarrollo que no hipoteque nuestro futuro transporte publico.

Sobre el transbordo

Si nada se tuerce, el próximo día 20 de Diciembre los sevillanos podremos, por fin, disfrutar de la largamente esperada línea 1 de Metro. Un proyecto que, para hacerse realidad, ha necesitado de más de 5 años de obras —casi el doble del tiempo inicialmente previsto— y cuyos orígenes se remontan a 1999, sin contar con que tiene sus raíces en una primera red iniciada hace ya varias décadas. Esta semana se ha conocido por fin la propuesta de cuadro tarifario del Metro, en el que se recoge lo que a los sevillanos nos costará subirnos al tren. Sobre si las tarifas son caras o baratas ya habrá tiempo de opinar, aunque es objetivamente cierto que no son precisamente las más económicas del territorio nacional. Pero algo que resulta realmente sorprendente es que no se contemple ni una sola opción con la que el usuario que tenga que usar Tussam y Metro cuente con alguna bonificación por el transbordo. Siendo bienintencionados, es de suponer que el transbordo Metro-Tussam se implantará más pronto que tarde, y que este extraño divorcio pasará a ser anecdótico. Que el Sevilla is different no llegará al desgraciado extremo de que seamos una excepción con respecto a todo el mundo civilizado. Pero no deja de ser lamentable que ni siquiera el tremendo retraso acumulado haya sido suficiente como para conseguir que el Metro cuente con transbordo a y desde Tussam desde el primer momento. ¿Acaso tanto tiempo de aviso no ha sido suficiente? ¿Les coge de sorpresa la inauguración, quizá? Igual los responsables del transporte en Sevilla se han contagiado del escepticismo del sevillanito de a pie, que, tras las múltiples fechas dadas para la apertura del Metro y luego rebasadas alegremente, tampoco tenía mucha fe en que ésta fuera la buena… Lo más triste es que, una vez que han salido las tarifas con este agujero tan importante, inmediatamente ha empezado el reparto de responsabilidades: que si éstos no tienen las máquinas, que si aquellos no nos han consultado… Entérense, señores: Nos da igual quien tenga la culpa. Si tantas ganas tienen de buscar un chivo expiatorio o de ver quién la tiene más grande (la zona tarifaria, por supuesto), háganlo cuando ya hayan solucionado el problema, que a los usuarios sus milongas y sus broncas internas nos traen sin cuidado. Lo que queremos es que el próximo día 20, cuando por fin estrenemos el Metro, lo hagamos con la posibilidad de transbordar desde el autobús que casi todos tendremos que coger para acercarnos hasta él. Queda muy bonito promover la intermodalidad y el transporte público en planes de transporte y demás líneas en los mapas, pero, por desgracia, parece que en la práctica vamos a empezar con el paso cambiado.